Poesía es hablar con el corazón en la mano,

poesía es expresar los sentimientos al máximo,

hacer que la corriente de sentimientos se apodere de tu corazón,

haciendo que poco a poco tu pluma se mueva mas rápido y haga que las palabras no sean palabras,

sean sentimientos y hagan sentir a quien las lee el sentimiento que transmites al papel.

Náyade García.




"CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA"



Juventud, divino tesoro,

¡ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro...

y a veces lloro sin querer...


Plural ha sido la celeste

historia de mi corazón.

Era una dulce niña, en este

mundo de duelo y de aflicción.


Miraba como el alba pura;

sonreía como una flor.

Era su cabellera obscura

hecha de noche y de dolor.


Yo era tímido como un niño.

Ella, naturalmente, fue,

para mi amor hecho de armiño,

Herodías y Salomé...


Juventud, divino tesoro,

¡ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro...

y a veces lloro sin querer...


Y más consoladora y más

halagadora y expresiva,

la otra fue más sensitiva

cual no pensé encontrar jamás.


Pues a su continua ternura

una pasión violenta unía.

En un peplo de gasa pura

una bacante se envolvía...


En sus brazos tomó mi ensueño

y lo arrulló como a un bebé...

Y te mató, triste y pequeño,

falto de luz, falto de fe...


Juventud, divino tesoro,

¡te fuiste para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro...

y a veces lloro sin querer...


Otra juzgó que era mi boca

el estuche de su pasión;

y que me roería, loca,

con sus dientes el corazón.


Poniendo en un amor de exceso

la mira de su voluntad,

mientras eran abrazo y beso

síntesis de la eternidad;


y de nuestra carne ligera

imaginar siempre un Edén,

sin pensar que la Primavera

y la carne acaban también...


Juventud, divino tesoro,

¡ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro...

y a veces lloro sin querer.


¡Y las demás! En tantos climas,

en tantas tierras siempre son,

si no pretextos de mis rimas

fantasmas de mi corazón.


En vano busqué a la princesa

que estaba triste de esperar.

La vida es dura. Amarga y pesa.

¡Ya no hay princesa que cantar!


Mas a pesar del tiempo terco,

mi sed de amor no tiene fin;

con el cabello gris, me acerco

a los rosales del jardín...


Juventud, divino tesoro,

¡ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro...

y a veces lloro sin querer...

¡Mas es mía el Alba de oro!



1 comentario:

Isidro Jesus Cedrés González dijo...

Amiga Náyade. Muchas veces lloramos sin querer, porque la presencia de algo nos trae a la memoria alguna cosa que no fué de nuestro agrado.
Lo mejor es vivir encadenado a las cosas que fueron agradables, que nos hiieron felices, que nos hicieron sonreír.
Un abrazo amiga, que la suerte y salud sean tus asociadas.
Jecego.